martes, 17 de mayo de 2011

Agujeros Acme

Solemos escuchar con cierta frecuencia de algún político, atleta, estrella de cine o alguna otra figura pública que hace alguna declaración inadecuada (por decirlo de una manera suave) y a quien los medios masivos de información le dan vuelta y media. ¡Claro! El personaje en cuestión suele disculparse diciendo que no sabía que el micrófono estaba encendido o la cámara estaba filmando.
En la década de los 50 el animador Chuck Jones crea una divertidísima serie de dibujos animados para la Warner Brothers, en ella Chuck recrea de una manera paradójica y entretenida la manera de ser de algunos seres humanos. Me refiero al inalcanzable Corre caminos y el hambriento pero fallido Coyote. En la trama de la historieta, este ultimo hacia hasta lo imposible para atrapar a su veloz presa, y cuando estaba a punto de darse por vencido, recurría a una lata con una particular inscripción que solía decir: “Agujeros Acme o Hoyos portátil Acme”. Solo tenía que colocar uno de esos hoyos instantáneos en la carretera y lograría que el Correcaminos terminara en una trampa mortal. Por supuesto que no lograba su cometido, y había que esperar hasta el próximo capítulo para seguir sufriendo junto a esta singular pareja.
Lo extraño del caso es que solemos creer que el Diablo también tiene un arsenal de latas con la insignia de “Agujeros Acme” y que en cualquier momento podría hacernos caer en una sutil trampa. Es entonces cuando solemos escuchar frases como: “El hermano Francisco cayó en pecado”, desligando a la pobre victima de toda responsabilidad. Si “cayo” significa que iba por la vida tratando de agradarle al Señor, pero un inoportuno o inesperado “agujero” lo sorprendió. Sin embargo la realidad es que nunca caemos, sino que entramos en el pecado. Las mentirillas piadosas, los negocios deshonestos, los ojos vagabundos y las palabras de doble sentido, son el vestíbulo del derrumbe espiritual. Todos los grandes derrumbes comienzan con pequeñas grietas, sigilosos acuerdos que nos permitimos antes de la caída final.
En distintas partes del mundo hay jóvenes y adolecentes atados a la pornografía o a cualquier tipo de desviación sexual. Si alguna vez has tenido la oportunidad de hablar con uno de ellos te darás cuenta de que todos, absolutamente todos tiene el mismo común denominador: se permitieron mirar alguna película erótica o subida de tono, acariciaron un mal pensamiento por unos instantes, y luego se sintieron literalmente atrapados por un espíritu de lujuria.
Permíteme relatarte la siguiente historia. Hace algunos años el conferencista y motivador Zig Ziglar estaba dando una charla de comercio en Tulsa, Oklahoma, ante cientos de estudiantes. Pero muy Pronto, aproximadamente la tercera parte estaban leyendo periódicos, revistas o cualquier otra cosa que llamara su atención y el resto de los estudiantes tenían los ojos cerrados, o simplemente se estaban haciéndose los dormidos. Solo una tercera parte de los estudiantes estaban escuchando atentamente.
La cadena local de televisión se había enterado de que Zig iba a estar dando una charla en la escuela y envió un equipo de cámaras para sacar algunas fotos. Caminaban detrás del auditorio cámara en ristre y con los reflectores encendidos,  de esta manera filmar a los estudiantes que asistieron a la conferencia. Caminaron por el pasillo izquierdo, subieron a la plataforma se ubicaron detrás del conferencista y comenzaron a filmar a todo el cuerpo estudiantil mientras escuchaban la charla.
Entonces tuvo lugar un “fenómeno” interesante. El cien por ciento de los estudiantes de repente se pusieron alertas, se sentaron derechos, se arreglaron la ropa, se peinaron y se volvieron enormemente atentos puesto que tenían el reflector encima de ellos.
En muchos sentidos el reflector estará siempre encima de nosotros, en lo que se refiere a nuestro sentido de moral, ética y responsabilidades. Por ejemplo, si supieras que te estaban filmando cuando estabas hablando mal del que dijiste que era tu “mejor amigo o amiga”, o mientras revisabas algunas paginas pornográficas por internet, revistas o cualquiera de sus formas. O simplemente cuando decías una “mentirilla piadosa”.
Se que Entonces ocurrirá lo fenomenal, de repente nuestro instinto nos llevaría a cambiar y a mejorar la imagen que se va a proyectar a través de esa cámara. No nos dejemos coger desprevenidos. Si nos conducimos como si tuviéramos la cámara encima o el micrófono encendido viviríamos nuestra vida basada en el carácter divino y no en la hipocresía humana. Lo que significa que no tendremos que pedir perdón ni explicar mañana lo que hicimos hoy. Es una cuestión de carácter. Tal y como lo señalo Arthur Friedman “se admiran a los hombres de genio. Se envidia a los que gozan de salud. Se teme a los poderosos, pero solo se confía en los hombres de carácter”.
 BIBLIOGRAFIA :  Superando la cima Zig Ziglar  y Pasion de multitudes Dante Gebel  

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